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La gestión en las empresas.

Como empresarios y/o emprendedores, siempre observamos como se comportan empresas de distinta envergadura a la nuestra, aunque no sean competencia. O leemos libros sobre como administrar mejor una empresa con las modernas herramientas de management que proliferan por el mundo.

Y normalmente nos queda la sensación de que en los casos publicados y los observados, se cumplen todos los objetivos diseñados, y que además la corporación sujeta a análisis es “muy organizada”, o muy competitiva, incluso muy eficiente.

Bien, ahora podemos respirar y sin tomarnos un recreo observar con “animada satisfacción” que ellos también cometen errores, que no logran que su personal cumpla con los objetivos al ciento por ciento, y que por ende su eficiencia es relativa.

Hace pocos días se publicó el resultado de un estudio realizado por la consultora internacional Ernst & Young, de reconocido prestigio, donde según la recopilación de datos que efectuaron en el universo empresario, el 66% de las empresas encuestadas no cumplen con las estrategias corporativas que se plantean.  Las causas son muchas, pero principalmente se debe a conflicto de intereses.

Ahora bien, si a pesar de que más de la tercera parte de esas corporaciones no cumplen con el plan trazado, no por ellos se destruyen, ni han perdido toda su eficiencia.  De hecho, todos sabemos que logran excelentes rendimientos y en general, sus accionistas, están satisfechos.  Muchos de sus clientes se sienten cada día más cuidados por la empresa.

Entonces no es cuestión de negarse a buscar la eficiencia escudándose en este estudio.  Sirve para conocer que son tan humanos como todos nosotros, que cometen errores, pero que siguen trabajando en pos de solucionarlos y lograr la eficiencia tan ansiada.  La cuestión, entonces, pasa por medir cuanto más logran o como cumplen mejor con lo programado, sin por ello perder la motivación para seguir en el camino de la búsqueda de mayor eficiencia.

Siguiendo el estudio ya mencionado tenemos la enunciación de seis pasos u objetivos a tener siempre presentes al momento de mejorar nuestra empresa.  Desde ya, no basta con leer este artículo, hacer unos ajustes y pensar que ya está todo hecho, y que los buenos resultados vendrán solo como “arte de magia”.  Muy lejos de eso, estamos en la realidad.  Sin embargo como para ayudarlos, e incluso mejorar su relación con su asesor, y hasta comprendernos a nosotros los asesores y consultores, mucho mejor, es que cito los siguientes seis conceptos o acciones a emprender.  Son simples enunciados, ya que para implementarlos hay que analizar a cada empresa, sus objetivos deseados y la capacidad de su gente y el entorno en donde se desenvuelve.  Si lo desea, puede consultarnos.

1.  Comprenda la diferencia de tener objetivos a corto plazo, y las metas de largo plazo. Debe definir claramente los objetivos cercanos, las tareas a desarrollar, incluso los medios que se pueden utilizar, todos ellos orientados a lograr las metas de largo plazo.  En otras palabras definir y tener claro el camino que la empresa deberá realizar para llegar a la meta final. Estos objetivos son estratégicos y debe evitarse la “disociación estratégica”.  Ello se logra con claridad de definiciones concentrando los objetivos estratégicos en unos pocos, muy entendibles, y creíblemente cumplibles.

2.  Busque y logre aportes de ideas nuevas provenientes de clientes, proveedores, empleados, y hasta de los asesores. Lo esencial es promocionar una mejor visión, sí el cuarto hábito de la administración eficiente.  Cuanto mejor sea su visión de su realidad, mayor compromiso logrará de sus dependientes, y mayor motivación nacerá de ellos, simplemente por facilitarles las cuestiones y darles la sensación de seguridad, al ver que el empresario sabe que ocurre y como solucionarlo.

3.  Pelee por una comunicación en tiempo real, sí constante que fluya la información de lo logrado, de lo planificado.  Así todos tendrán la sensación que los equipos están trabajando, que pueden hacerlo, que lo están haciendo, y que o hay excusa para “echarse para atrás” o para poner palos en la rueda.

4.  Escriba y confeccione un plan estratégico, si es posible modular, para poder evaluar los tiempos de cumplimiento.  Cumplir eficientemente una etapa genera una motivación potenciada difícil de lograr solo con palabras.  Sólo cuídese de que esta tarea no le insuma tanto tiempo, que la empresa se quede paralizada esperando el famoso plan.

5.  Apoye y ofrezca la disponibilidad de todas las herramientas e información que necesiten los equipos diseñados.  Recibir información y procesarla, viendo que todo se mueve y que todo avanza en la empresa produce no solo motivación para hacer más, sino un nivel de satisfacción digno de elogios.

6.  Los equipos deben interactuar de tal forma que una persona pueda pertenecer a dos o más equipos, en el afán de que su accionar permita realizar distintas tareas y ver el avance desde distintos puntos de vista.  De esta manera, si un objetivo es tedioso o lento, puede hacer perder la motivación del equipo que lo tiene a cargo, y ello redundará en mayores plazos, y hasta no lograr el objetivo en sí.  Pero si está en dos equipos y el otro logra resultados más rápido, esa motivación empujará al primer equipo.  No es simple, ya que es necesario que su personal ejecutivo tenga tiempo suficiente para desdoblarse, pero el secreto está en como se distribuyen los objetivos y las tareas.

Sin duda, podríamos agregar uno o dos puntos más, pero ya no estaríamos cumpliendo con el axioma enunciado en el punto 2.

Sin embargo, hay que tener claro que para desarrollar un plan estratégico hay que tener a la empresa preparada, lista para el cambio, fuerte para soportarlo, y sabiendo que crecerá no en base a alianzas, donde nunca se sabe a ciencia cierta quien maneja a quien.

Si su idea es formar una alianza o buscar un nuevo socio que aporte capitales, hágalo primero y luego desarrollen juntos, el plan estratégico.  Si lo hace a la inversa solo logrará hacer sentir que tanto esfuerzo y trabajo solo sirvió para hacerle ganar un “negocio extra” al dueño de la empresa, a expensas de todos, del sentimiento de pertenencia, de la imagen que lograron formar, a cambio de tener que empezar todo de nuevo, orientados hacia otro rumbo y hasta con la posibilidad de un nuevo dueño que seguramente pensará distinto a Ud.

Cuando decida comenzar a ejecutar un plan estratégico, háblelo con todos sus gerentes, sí con su staff ejecutivo, dependa éste horizontal o verticalmente de la Dirección, para que todos puedan hablar del plan, entenderlo, explicarlo y hasta sentir que son parte de él.

Recuerde que no estamos hablando de un negocio, sino de mejorar su empresa, algo mucho más elevado, complicado  e importante que un simple negocio, sin por ello desmerecer a quienes tengan un negocio funcionando.  Comenzamos hablándole a los empresarios y emprendedores, y expresamente no mencionamos a los comerciantes, para quienes los objetivos corporativos no tienen el mismo sentido, y sus metas son muy distintas.

Finalmente, si Ud. es comerciante y tiene un negocio, y desea dejar de serlo para transformarse en empresario, reconsidere leer nuevamente este artículo sabiendo que aún no es empresario y que deberá primero serlo, para aplicar estos conceptos.  Éste, ya es otro tema.

Dr. Jorge E. SOSA GONZÁLEZ. Derecho de Autor s/ Reg. Prop. Intelectual Nº 171.055. 16/06/05. Publicado en el EIC MAGAZINE Nº 132.

Si tiene dudas puede consultarnos.